Carlos Arturo Guisarre
El 30 de mayo de 1961, un grupo de hombres valientes ajusticiaron al dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, que por 31 años (1930-1961) había gobernado los destinos de la nación con mano fuerte.
Al momento de escribirse estas líneas se cumplen 48 años de este hecho histórico, de modo que la política ha dado avances significativos de libertades públicas y facultad de expresión. No obstante, en materia económica el país ha sufrido algunos retrocesos, pese a que evidencias de modernidad arropan a los ciudadanos.
Trujillo trajo al país al siglo XX. Sentó las bases de un sector industrial fuerte que satisfaga las necesidades de la nación, la democracia ha atentado todo el tiempo contra los productores para otorgar permisos de importación a favoritos.
Trujillo creó el Banco Central para que se emitan monedas propias, mientras que en la actualidad economistas de renombre plantean la tontería de que se entregue el control de la política monetaria interna a Estados Unidos, en otras palabras, dolarizar.
Claro, Trujillo lo hacía sin ningún interés patriótico, sólo para convertirse en uno de los 10 hombres más ricos del mundo en la época, pero la democracia sustituyó los sectores que producen riquezas por cimientos débiles como turismo e inversión extranjera. Modelo que sólo es salvado por las remesas y otros asuntos que es mejor no mencionar.
Desde una óptica económica Trujillo no es peor que muchos, aunque desde el punto de vista político sea un monstruo.